Hera, crónicas de una mina harta

no tengo ganas de presentarme, no por mal educada sino porque hoy no me importa como antes ni agradarles ni que intenten conocerme.
De todos modos, les doy una cálida bienvenida... Es lo menos que se puede hacer luego de tanto hartazgo de todo y de todos...

abril 27, 2010

Society Remixed

Society Remixed
Reconozco que desde que me separé atravieso una especie de vida a la cual no estaba acostumbrada. Viví mucho tiempo encerrada y parece mentira cómo cambiaron las cosas en cuanto a relaciones humanas se refiere. Siento como si otra sociedad con gente con comportamientos extraños o me atacan o me son indiferentes.

 Qué hoy nadie me venga a vender nada. No sólo que ya soy grande y elijo comprar lo que me gusta sino que  en su momento compré todos los boletos, le creí a cuanto vendedor de sentimientos se me acercaba. Podrán tildarme de ilusa, tal vez lo sea pero si camino por la vida creyendo que el mundo a mi alrededor necesita vender sentimientos para lograr estar con alguien, creo que prefiero ser tratada de tarada a pensar que el mundo está tan desvirtuado que hasta las personas necesitan prostituirse para poder entrar en el mercado.

Supongo que el tema que hoy me toca vivir, el de adaptarme a esta nueva sociedad, me carcome el cerebro. Antes, y con antes no hablo de la era del hielo sino de hace un par de décadas atrás nomás,  las mujeres eramos respetadas  por la mismísima condición de ser consideradas madres en potencia o bien, futuras esposas. Hoy, podría elaborar una serie de excusas que inventan los hombres para lograr pasar la noche con una. Nadie exije que le abran la puerta del auto, así como tampoco una exije que una salida sea garantía de cadena perpetua. Esa época pasó, fue y no necesito volver a repetirla. Pero convengamos que un rechazo puede provenir tanto de un hombre hacia una mujer y viceversa. Lo que hoy a mi me descontrola, me saca al punto de querer rasgarme las vestiduras es el engaño intelectual. Los hombres se creen dioses del Olimpo y aplican la oratoria con excusas cada vez más elaboradas y en ciertos casos lo suficientemente graciosas  y ridículas las que de ser oídas por  Aristóteles desearía morir ante tamaña falta de lucidez.

Así es, mis estimados amigos: se ha perdido la magia. Ya no seremos más las mujeres princesas encantadas; más bien nos están obligando a convertirnos en aguerridas luchadoras dispuestas únicamente a la supervivencia: se entiende, no?  Acaso  creen que nosotras no necesitamos un poco de cariño? Ni siquiera hablo de la palabra  AMOR: eso es algo que quedó en el recuerdo de algunos pocos discípulos de la tolerancia y de otros bichos de costumbre.

Hoy nosotras, las mujeres,  nos enfrentamos a un mundo tan pero tan igualado en condiciones con nuestros machos amados que para poder compartir una noche de sexo, solo bastaría con utilizar las mismas técnicas para dirimir tanto artilugio utilizado por las cada vez  menos agudas mentes varoniles.

Después, hombres queridos, cuando se enteren de que sus mujeres, las madres de sus hijos, son capaces de proceder del mismo modo que lo hicieron Uds mientras las creían tejiendo y cocinando ricos panes y bizcochuelos, no se quejen. De haber necesitado una compañera de ruta, deberían habernos tratado con el mismo respeto con el que tratan o cubren a un amigo.
Sepan de una buena vez que si algo de este nuevo mundillo  al que me enfrento me revienta y logra que exploten mis neuronas hartas de tanto llorar, es “LA INDIFERENCIA”.

 Así que si todavía existen machos que estén interesados en otra cosa que no sea un buen revolcón,   dejen de vender sentimientos. Ya ninguna de nosotras les cree tanta excusa barata. Nosotras podemos ser excelentes vendedoras si la situación así lo requiere. 

Amigas, no bajen la guardia ni subestimen  a aquél que les jure amor eterno: detrás de tanto supuesto fraude, les aseguro con la experiencia de una reina de los dioses, que el romanticismo está en extinción. Pero a no desesperar; las costumbres amatorias, así como las cuestiones de moda son cíclicas y lo que hoy no se usa, regresará con otro nombre: “vintage”, “flashback” hasta que finalmente llegue el día en que logremos volver a llamar las cosas por su nombre:  “AMOR”.
Hasta acá llego.




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