Hera, crónicas de una mina harta

no tengo ganas de presentarme, no por mal educada sino porque hoy no me importa como antes ni agradarles ni que intenten conocerme.
De todos modos, les doy una cálida bienvenida... Es lo menos que se puede hacer luego de tanto hartazgo de todo y de todos...

abril 26, 2010

Sordera selectiva- Hera vs Nacho

Existe un mal que aqueja a miles de personas pero que hoy acabo de descubrir sufre la persona con la cual compartí más de la mitad de mi vida.

Siempre se habla de esa famosa frase "No hay peor sordo que aquél que no quiere oír" y si bien suena a  cliché, esta tarde descubrí que es aplicable en un ciento por ciento a Ignacio, el hombre del que me enamoré años atrás. Nos encontrábamos sentados en una mesa oval del salón principal del grupo de abogados contratados para terminar con tanta estupidez matrimonial.


Una de las abogadas de mi parte intentaba hacerle entender a Nacho el significado del término "alimentos"  pero digamos que eso sería anecdótico. Lo gracioso de la situación es que mi abogada se repetía y le repetía a nacho y a su abogado de unas diez maneras diferentes lo que mi sobrino que está en 2do grado hubiese captado en fracciones de segundos. Y ojo que de tonto Nacho no tiene ni medio pelo. El síndrome que ataca a Ignacio y que parece que empeora con el correr de los años es el de "sordera selectiva". A Nacho le cuesta enormemente oír, es literalmente sordo a las dolencias ajenas o próximas y la base está en que a Nacho le asusta terriblemente todo lo que implique algún tipo de cambio.

Puede sonarles incoherente pero intentaré subtitularme porque yo padecí durante muchísimo tiempo "el mal de amores eternos" como consecuencia de su "sordera selectiva". Hoy me atrevería a creer que logró contagiarme como si se tratase de un virus de esos que debilitan pero no matan. Lo que a mi me sucede es que debido a tanta falta de comprensión, decidí dejar de escuchar aquellas cosas que me lastimaban y de a poco me fui convirtiendo en una persona que dejaba de realizar las cosas que tanto disfrutaba.

Así fue como comencé a explicarle a Nacho para que intente comprender mis cambios que mi intención no es la de sentirme triste sino que simplemente estoy en DELAY o con algún atraso emocional. Ni idea del susto que se llevó en un primer momento cuando le mencioné la palabra atraso. Una vez que el asunto queda aclarado y Nacho recupera su supuesta calma, esa que tanto le cuesta conseguir, prosigo con la idea de transmitirle mis nuevas conclusiones acerca de lo que siento me está sucediendo o creo suponer estoy sintiendo.

Yo se que las cosas complejas lo irritan pero la sola mención de la palabra "sencillez" me trae como una sensación de vacío que no se de donde proviene ni puedo explicar. Tampoco es que me divierta ser así de compleja ya que la mayoría de la gente relaciona la palabra complejidad con sinónimo de problema. Para mi no es otra cosa que sinónimo de interesante. Si no tengo que pensar cuando me hablan, me aburro y si no alimentan mínimamente mi mente supuestamente retorcida, pierdo interés; ni que hablar si deduzco que la última parte de mi vida junto a Nacho viví encadenada.

 Fue así como con el correr de estas conversaciones que Nacho comenzó a sentir que yo literalmente le decía que a su lado vivía presa. Nada más lejos de la realidad, sólo que Nacho no quiere oír, tal vez no puede o le resulta demasiado complejo, o según sus palabras, demasiado jodido por lo tanto cada vez fueron menos las veces que intentaba explicarle el motivo de mi sensación de aprisionamiento. Nacho decía: "nena, si tenés que explicar tanto una cosa, me estás dando la razón, sos una jodida" y yo harta de tanto explicar para terminar siendo insultada, me enredaba en una serie de complicaciones que se repetían con mayor frecuencia a medida que pasaban los años junto a él.

Yo intuyo que no todo puede estar inventado, que nadie es tan hueco como para no poder oír cuando le gritan al oído un pedido de auxilio, supongo que algo de todo lo que le iba diciendo le resonaba en su interior de su casi tan complicado cerebro como el mío. Vieron que dicen que los animales se van asemejando físicamente a sus amos? En nuestro caso, pasaba algo similar, el tema es que lo que se nos fue asemejando con el correr de los años fue el cerebro en vez de nuestros gestos.

Pasaron ya dos años sin nacho y todavía me encuentro perdida en este complejo mundo. En el fondo, extraño su sencillez, aunque generalmente haya perdido interés. En una de esas, mi oído ya se encuentre adaptado al suyo y seamos dos los sordos selectivos.

Hoy más que nunca estoy convencida de que nuestro camuflaje nos llevó al destierro ya que cuando estábamos juntos y separados a la vez no pudimos lograr sentirnos completos...

Salgo de mis pensamientos, siento como si el tiempo se hubiese detenido y escucho decimo segunda vez que el abogado de nachito retruca lo que mis abogadas no logran terminar de explicarle. Concluyo que la sordera selectiva es áltamente contagiosa.

Créanme que aprendí la lección: en ocasiones resulta mucho más fácil hacerse el sordo y dar vuelta de página cuando algo se torna imposible de comprender.
Hasta acá llego.

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